EL ROSAL DE LOS CERROS

(Leyenda gaucha)  (arr. en tango)

 

 

Viene amagando la noche

Trayendo enancada el agua,

Castiga el viento los montes

Quebrando sus verdes ramas.

Se alborotan las haciendas

Buscan guarida las aves,

Y en la costa ´e los arroyos

Se despeinan los sauzales.

Al tranco lerdo de un zaino

Llegó el paisano a las casas.

Traiba frío hasta en los güesos

Pero calor en el alma.

Abrió la puerta estrañao,

Notando un silencio santo,

Y junto al candil que humeaba

Vio la traición dentro ´el rancho...

 

Recitado:

Se le aflojaron las piernas

Al ver tamaña disgracia,

Se le estravió la mirada,

Se le añudó la garganta,

Tragó saliva con rabia

Sintió calor en la cara,

Y mascando su dolor

Dijo el criollo estas palabras:

“A usté debiera matarlo

pa´  que soltase el veneno,

pero el filo de mi daga

no ha de mellarlo un rastrero”   

Mas luego mirando a su hembra:

“No temblés... no seas cobarde

que no es a vos a quien busco

sino al hijo de mi sangre”

 

Sacó al cachorro ´e la cuna

Lo apretó contra su pecho,

Y envolviéndolo en su poncho

Salió con tranco risuelto.

Acomodó al inocente

En la cruz de zaino viejo,

Y en la noche tormentosa

Enderezó pa´ los cerros.

Un relámpago siniestro

Cruzó por lo alto de un pico,

Y se vido al pobre gaucho

Besando en la frente al hijo.

Tapó con su poncho pampa

Los ojos del zaino viejo,

Y cerrándole las piernas

Le puso a la muerte el pecho...

 

Recitado:

Y en el lugar que cayeron

Comenta la gente ´el cerro,

Que ha florecido un rosal

Que va cubriendo sus güesos.

 

Letra : José De Cicco  (José Francisco Andrés De Cicco)

Música : Eduardo Bonessi

 

Grabado por Julio Sosa con el acompañamiento de la orquesta de Leopoldo Federico.

 

 

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