EL ÚLTIMO ORILLERO

 

 

 

Lo vi pasar callado, muy triste y silencioso,
Llevando en sus arrugas la pena de vivir,
Miraba con desgano los cambios tumultuosos
De una ciudad cansada, a punto de morir.
Cien patios desfilaban por su mente agobiada,
Como aquel de una Laura, que yo no conocí,
Donde bailaban naifas, milongas desgastadas
Mezclando en sus quebradas, el percal y el carmín.
 
El tango le cantó
Mil estrofas con su fueye,
Y en esta Buenos Aires ya sin tiempo,
Perdió también el Plata
Sus viejos muelles.
Se fue el último orillero
Perdido en la nostalgia de un camino,
Acuarela deslucida de un destino
Vuelo errante
De un pájaro sin voz.
 
Alumbraban las luces, el surco de una herida,
El precio de una vida - un premio duro y cruel -,
Buscaban incoherentes, sus ojos ya sin vida
Un arrabal de guapos, un tango del ayer.
Lo saludaron sólo, los malevos impresos
En una vieja estampa de un nocturno almacén,
Bajó triste los ojos, dijo adiós al progreso
Y se perdió en la noche, de un tiempo que se fue.

 

Letra y música : Alberto Peyrano y Renée Carmen Díaz

 

 

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