(vals)
La tarde en el poniente su poncho recogíaPeinando entre sus flecos un copo de arrebol,Y el hilo de la noche, que en ancas se veníaBordaba en seda negra los pétalos del sol. Llorosos los yuyales doblándose al pamperoY el viejo de la carreta, picando al buey sobón,Atrácase a la férrea rejilla del pulperoHaciendo para el viaje, su gaucha provisión. Balando las ovejas, se agrupa la majadaTirando “pa´ las casas” en busca del corral,Y el tero centinela, soldado de avanzadaVigila que el indiaje, no arree un animal. Calandrias y zorzales de pechos escarlatasSe ven en la espesura del monte vivaquear,Colgando de las ramas los palios de sus flautasCual músicos cansados, que vienen a nochear. De pronto allá a lo lejos, a tranco acompasadoSe ve asomar un flete bordeando el cañadón,Y en él, un gaucho triste de negro arrebujadoCon porte de hombre nervio, audacia y corazón. Facón de plata al cinto, trabuco amartillado,Espuelas nazarenas, sombrero echao pa´ atrás,Allá va Santos Vega, jinete en su tostado,Pensando que la vida, para él, está de más. Quién sabe qué honda pena, lo abisma al peregrinoCentauro de las pampas, invicto payador,Que en vano las acacias y sauces del caminoSe inclinan para verle sonreír en su dolor. Mas dicen los que saben de amores escondidosY al gaucho le conocen su indómito valor,Que sólo son culpables, dos ojos renegridosDe aquella gran tristeza, que aflige al trovador.
Letra : Eduardo Escaris Méndez
Música : José y Luis Servidio
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