En la puerta de un palacio,
un pobre niño mendigaba
¡Tengo hambre, tengo frío,
tenga usted de mí, piedad!
Era agosto, pleno invierno y
la lluvia taladraba
A su débil cuerpecito que
era carne de orfandad.
Esa noche había baile y
llegaban hombres ricos
Con mujeres muy hermosas al
espléndido festín,
Y pasaban, egoístas, sin
mirar al pobre niño
Que era un ángel con
andrajos, que era un rubio querubín.
Un pedazo de pan duro,
mordisqueaba amargamente
Repitiendo con tristeza:
¡Déme un níquel, por favor!
Y la música llegaba con sus
notas estridentes
Como un látigo llegaba hasta
el alma del menor.
Pasó en esto otro mendigo,
un mendigo de experiencia
Un anciano que sabía la
manera de pedir,
Y al mirar al muchachito
conmovióse su conciencia
Y con voz aguardentosa se le
oyó decir así:
Recitado:
Nunca pidas tu limosna donde
hay fiesta y hay riqueza
Que la gente que es alegre,
nada sabe del dolor,
En los tristes cementerios y
también en las iglesias
Siempre se halla un alma
buena y un piadoso corazón.
Esta noche es para hombres y
por eso te aconsejo
Que abandones esta puerta
donde nada te darán,
Toma hijo, esta limosna que
te niegan hoy los ricos
Toma hijo, estas monedas que
te alcanzan para pan.
Letra :
Horacio Basterra (seud.: Horacio Sanguinetti)
Música : Juan
José Guichandut
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