MANOS ADORADAS
(vals)
Las manos que yo quiero, las manos que venero
No son color de rosa ni tienen palidez,
Sus dedos no parecen diez gemas nacaradas
Tampoco están pintadas, ni tienen altivez.
Son manos arrugadas, tal vez las más humildes
Y están cual hojas secas de tanto trabajar,
Son estas manos santas, las manos de mi madre
Aquellas que me dieron con todo amor el pan.
Las manos que yo quiero, las manos de mi madre
Ligeras como aves volando siempre van,
Las manos de mi madre, por ágiles, dichosas
Si no hacen siempre algo, tranquilas nunca están.
Por rústicas y viejas ¡qué bellas son sus manos!
Lavando tanta ropa, cortando tanto pan,
Corriendo por la casa, la mesa acariciando
Buscando en el descanso, la aguja y el dedal.
Las manos que trajeron la lámpara a mi cama
Tapándome la espalda en el invierno cruel,
Que cuando estuve triste mis lágrimas secaron
Que cuando estuve enfermo, acariciáronme.
¡Oh, manos adoradas! ¡Oh, manos llenas de alma!
En ellas hoy quisiera mi frente refugiar,
Y tristemente digo: ¡Qué lejos que se encuentran!
Qué lejos de mi angustia y de mi soledad.
Letra : Horacio Sanguinetti (Horacio Basterra)
Música : Roberto Rufino
Grabado por la orquesta de Osvaldo Pugliese
con la voz de Alberto Morán.
A “Letras” A
“Autor” Menú Principal