MALDITO TANGO

(c. 1916)

 

 

En un taller feliz yo trabajaba

Nunca sentí deseos de bailar,

Hasta que un joven que me enamoraba

Llevóme un día con él para tanguear.

Fue mi obsesión, el tango, de aquel día

En que mi alma, con ansia se rindió,

Pues al bailar sentí en el corazón

Que una dulce ilusión

Nació.

 

Era tan suave la armonía

De aquella extraña melodía,

Que lleno de gozo sentía

Mi corazón soñar.

Igual que en pos de una esperanza

Que al lograrla toda se alcanza,

Giraba loca en esa danza

Que me enseñaba a amar.

 

La culpa fue de aquel maldito tango

Que mi galán enseñóme a bailar,

Y que después, hundiéndome en el fango

Me dio a entender que me iba a abandonar.

Mi corazón, de pena dolorido

Consuelo y calma buscó en el cabaret,

Mas al bailar, sentí en el corazón

Que aquella, mi ilusión

Se fue.

 

Oyendo aquella melodía

Mi alma de pena se moría,

Y lleno de dolor sentía

Mi corazón sangrar.

Como esa música domina

Con su cadencia que fascina,

Fui entonces a la cocaína

Mi consuelo a buscar.

 

Hoy, que ya soy espectro del pasado

Pido al ajenjo la fuerza de olvidar,

Mas a mi pobre pecho destrozado

Nada hay que pueda su angustia sofocar.

Del cabaret soy una triste mueca

Ya nadie tango conmigo más bailó,

Y aquel amor pasó como visión

Y aquella, mi ilusión

Murió.

 

Maldito tango que envenena

Con su dulzura cuando suena,

Maldito tango que me llena

De tan acerba hiel.

Él fue la causa de mi ruina

Maldito tango que fascina,

¡Oh, tango que mata y domina

maldito sea el tango aquel!

 

Letra : Luis Roldán

Música : Osmán Pérez Freire

 

                 

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