CONSEJO DE ORO

 

 

 

Yo era un purretito cuando murió mi viejo,

Fue tanta la miseria que mi viejita y yo,

Comíamos llorando el pan amargo y duro

Que en horas de miseria mi mano mendigó.

Mi pobre viejecita, lavando ropa ajena

Quebraba su espinazo al pié del piletón,

Por míseras monedas con que calmaba apenas

Las crueles amarguras de nuestra situación.

 

Fui creciendo a la bartola y en mis años juveniles

Agarré por el camino que mejor me pareció,

Me codié con milongueras, me atoré con copetines

Y el mejor de mis amigos cuando pudo me vendió.

De engreído me hice el guapo, me encerraron entre rejas,

Y de preso, ni un amigo me ha venido a visitar,

Sólo el rostro demacrado y adorado de mi vieja

Se aplastó contra la reja para poderme besar.

 

Por eso compañeros, por tantos desengaños,

No me convence nadie con frases de amistad;

Hoy vivo con mi madre, quiero endulzar sus años

Y quiero hacer dichosa su noble ancianidad.

¡Me siento tan alegre junto a mi madrecita!

Es el mejor cariño que tiene el corazón;

Ese sí que es un cariño que nadie me lo quita,

Cariño que no engaña ni sabe de traición.

 

A usted, amigo, que es tan joven, le daré un consejo de oro

Deje farras y milongas... que jamás le ha de pesar,

Cuide mucho a su viejita, que la madre es un tesoro,

Un tesoro que al perderlo, otro igual no ha de encontrar.

Y no haga como aquellos que se gastan en placeres

Y se olvidan de la madre, ni le importa su dolor;

Que la matan a disgustos y recién cuando se muere,

Se arrepienten y la lloran y comprenden su valor.

 

Letra y música : Arquímedes Arci  (Arquímedes Arcidiácono)

 

Grabado por Agustín Magaldi en sello RCA Víctor –segunda etapa-  (01-09-1932 al 31-12-1935)

 

 

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