BIBELOT (II)
La vida fue para ti encanto reidero
Muñequita de salón que impulsaste,
Hacia el abismo: ¡Maldito!, ¡Traicionero!
Muchas vidas e ilusiones que truncaste.
Llena de gozo de los hombres te burlabas
Al ofrendarte de su cariño, el caudal,
En el fulgor de tu poder te asemejabas
A una impúdica Friné, ¡Reina del mal!.
Pero la buena estrella
Que te amparaba,
Ya se extinguió.
De tu belleza
Ya no existe nada,
Y hoy vives dopada
Por la mortal cocó.
Piensas que ese veneno,
Te hará olvidar
Tu cruel dolor.
Ya que gozaste ante el dolor ajeno,
Aprendé a no jugar
Con fuego en el amor.
Fue una noche, recuerdas muñequita
Noche de embrujos, de ensueños y quimeras,
Y a tu encuentro saltó una viejecita
Que reprochó tu vanidad, altanera.
Tú respondiste con una carcajada
Inhumana de desprecio tan hiriente,
Brilló de ira su mirada extraviada
Y arrojó en tu rostro un líquido candente.
Era la madrecita,
De aquel muchacho
Que enloqueció.
Por tus desdenes
Bibelot sin alma,
Le robaste la calma
Por ti se suicidó.
Bibelot, no llores
Tuya es la culpa,
Mujer fatal.
Sólo fuiste una de tantas flores,
Que crecen en el lodo
Y son flores del mal.
Letra
: Adolfo Abeijón
Música
: Raúl B. Caballero
(colaboración
enviada (letra) desde la ROU, por el amigo CésarElEmperador. 04-2018)