YO TAMBIEN ERA DICHOSO
(1927)
Las
campanas
Alegremente
repicaron,
Para
enterar a todo el pueblo
Que
unidos para siempre están,
Dos
seres que la dicha
Que
largo tiempo ambicionaron,
Por
fin hoy les sonríe, pronto
De
aquí se alejarán.
En
procura
De
la felicidad soñada,
Adonde
no haya nunca penas
Ni
se conozca el sinsabor,
A
vivir en el rancho
Que
el hombre que ella tanto ha amado,
Edificó
para que sea
El
templo de su amor.
Mi
copa de licor
Ahora
voy a alzar,
Y
beber sin cesar
Por
ellos en su honor...
Porque
hasta el nuevo hogar
Destinado
a ese amor,
Jamás
pueda llegar
Al
mísero dolor.
Llevo
dentro de mí
Un
terrible pesar,
Y
vengo hoy hasta aquí
Mis
penas olvidar.
Me
quiero divertir,
Beber
alcohol, bailar,
Reír...
mucho reír
Porque
voy a llorar.
Yo
también era dichoso,
Tenía
un nido de amores,
Entre
pájaros y flores
Y
un arroyo caudaloso.
Allá,
con mi compañera
Nos
quisimos con pasión,
Mas
la parca traicionera,
Me
robó a la dueña
De
mi corazón.
Las
campanas
También
tocaron aquel día,
Pero
sus ecos tristes, eran
Anuncios
de mortal dolor.
Es
que había muerto aquella
A
quien con toda el alma amaba,
Llevándose
a la tumba fría
Recuerdos
de mi amor.
Es
por eso
Que,
cuando siento las campanas,
La
pena que me abruma aumenta
Y
se me oprime el corazón.
Lloro
y me acuerdo de ella
De
aquel amor perdido,
De
la que fue mi vida
Y
mi única ilusión.
Letra y música : Enrique
Lorenz y Aníbal de Iturriaga
Grabado por Ignacio
Corsini con acompañamiento de guitarras. (sello Odeón N° 18.527, 18-11-1927)