MADRECITA (II)
(vals)
En un rancho gime una
guitarra
Y un muchacho tristón y
afligido,
Sin consuelo llora a un ser
querido
Que la muerte cruel le
reclamó.
Es la madre, cariñosa y
buena
Que penando se fue al
infinito,
Y el muchacho, en su laúd,
contrito
Cantó sollozando, así su
dolor.
Madre, te fuiste
Lejos, muy lejos,
Yo quedé solo, triste
Y mi vida,
Se apaga en sollozos
Y amargo sufrir.
Madre querida
Cuánto te añoro,
Para ti mis plegarias
Y lloros,
Mi angustia de paria
Y mi negro existir.
Desde entonces el rancho
está triste
Y yo vago como un alma en
pena,
Ya no tengo, madrecita
buena
El consuelo de tu corazón.
Mi guitarra no suena como
antes
La tristeza empañó su
encordado,
Y sus notas también han
anclado
Y ahoga su canto un negro
crespón.
Triste, esta noche
Ves mi amargura,
Y la angustia
De mi desventura,
La llevo en el alma
Y me hace sufrir.
Madre, llevame
Lejos, contigo,
Yo no puedo
Vivir sin tu abrigo,
Llevame a tu lado
Que quiero morir.
Letra : Luis Rubistein
Música : Anselmo Aieta
(Anselmo Alfredo Aieta)
Grabado por Ignacio Corsini con
acompañamiento de guitarras. (sello Odeón Nº 18.537, 21-02-1928)
Grabado por Ignacio Corsini con
acompañamiento de guitarras. (sello Odeón Nº 18.589, 03-05-1929)
(letra obtenida de la grabación)
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