CABECITA PLATEADA

 

 

 

Madre mía, madre amada

Madre a quien yo quise tanto,

Sobre tu recuerdo santo

Te deshojo esta canción.

Quiero que sepas por ella

Que nunca, nunca te olvido,

Fue mi fuerte latido

De mi pobre corazón.

 

Cuántas veces tu ojos

Ocultando una lágrima,

Empañados y tristes

Me miraban reír.

Y sentías angustia

Por mi ingenuo contento,

Porque tú comprendías

Que la vida es sufrir.

 

Madrecita de los bellos

Arreboles de mi infancia,

Hoy te veo a la distancia

Como en medio de un altar.

Tu amor me dio desde niño

Con afán noble y sereno,

Contigo aprendí a ser bueno

Tú me enseñaste a rezar.

 

Desde que te fuiste, madre de mi vida

Ya no tengo anhelos, ya no tengo fe,

Llevo el alma en sombras, la frente abatida

Parece que todo, con tu amor se fue.

Voy cruzando el mundo como un peregrino

Y no hallo alegrías en mi juventud,

Y hasta me parece, que oigo en mi camino

El llanto del viento sobre tu ataúd.

 

Ya no tengo, madre mía

Tu cabecita plateada,

Que ostentabas la nevada

De los años y el dolor.

Ya no tengo tu cariño

Que era toda mi fortuna,

Y es una noche sin luna

Mi existencia sin tu amor.

 

Letra : Julián De Charras

Música : Roque Biafore

 

Grabado por Ignacio Corsini con acompañamiento de guitarras. (1924)

 

 

(letra obtenida de la grabación)

(colaboración enviada por el amigo Amado Lafuente. 10-2008)

 

 

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