MARÍA

(milonga)

 

 

Fue por los Corrales viejos

En un deslinde cualquiera,

Que nació una flor resera

Más pulida que un espejo.

Su sonrisa fue de cielo

Su corazón, de alegría,

Su canción, un arroyuelo

Y su nombre fue María.

 

Y pasando por su puerta

Los cocheros del tranvía,

Le solían tirar

Con un clavel,

Diciéndole:

“¡Adiós, María...!”

 

Con sus trenzas de azabache

Y sus labios de malvones,

En cualquier lugar

Al sonreír,

Hacía templar

Los corazones.

Y su fama comenzó

Allá por los Corrales, en el año dos.

 

Por bonita y por bizarra

Se desafiaron troveros,

Y en vibrantes entreveros

Se astillaron las guitarras.

Y al cantar esta reseña

Que se refiere a María,

Quise hacer la biografía

De la “milonga porteña”.

 

Letra : Enrique Cadícamo  (Domingo Enrique Cadícamo)

Música : Anselmo Aieta  (Anselmo Alfredo Aieta)

 

 

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