(milonga)
(1969)
Era un ambiente turbio de
nocheras
Cerca de
Había una milonga, el
Chantecler
Alias “toalla mojada”...
Era un ambiente espeso de
varones
Shacadores de minas y
malandras,
Había un tayador y lo
llamaban
Por nombre... Aldo Saravia.
No había escruche, ni
“peca” ni a copera
Que no diera mancada,
Y a
Con su toalla mojada.
Por eso era famosa esa
milonga
Por ese Aldo Saravia,
Tayador de la vida y de sus
cosas
Por su pinta y su labia.
Nunca hubo shomería en sus
acciones
Ni taquero que sacara
tajada,
Cuando él incursionaba
papelitos
Sin darse la fajada.
Por eso me gustaba la
milonga
De la toalla mojada,
Porque estaba el ambiente
que yo quiero
Y el macho Aldo Saravia...
... Que le fajó hasta el
nombre al Chantecler
Con su toalla mojada...
Letra y
música : Edmundo Rivero (Leonel Edmundo
Rivero)
Grabada
por Edmundo Rivero con acompañamiento de guitarras.
(colaboración
del amigo Amado Lafuente. 04-2008)
“
(del
“Macho” Saravia)
Para
ser más preciso diremos que el protagonista de esta historia se llamaba Jorge
Aldo Saravia y oficiaba de Maestro de Ceremonias del cabaret “Chantecler” de la
ciudad de Córdoba. También se lo conocía por el apelativo de “Gallito e’ lata”
y era un personaje único e irrepetible
de la noche cordobesa. De día trabajaba en el ferrocarril del barrio de Alta
Córdoba como oficinista. Era soltero y vivía con su madre. Pero, por sobre
todas las cosas, era mitómano. Según el diccionario “mitómano” es todo aquel
que tiene la manía de decir mentiras relatando cosas que están sólo en su
imaginación. Contaba a quien lo quisiera oír que todas las “chichí” del cabaret
estaban bajo su mando y si alguna le fallaba, la “fajaba” con una toalla
mojada, cosa de no dejar marcas en el cuerpo que lo pudiesen comprometer ante
la autoridad en el caso de una eventual denuncia. La “blanca”, es decir la
cocaína, “pasaba por sus manos y de ahí se distribuía”… según sus dichos. Cuando
los reflectores lo iluminaban enfundado en su impecable esmoquin negro, moñito,
relumbrantes zapatos de charol, jopo impecable con alta dosis de brillantina,
revoleo de gemelos en los puños de la camisa, sonrisa sobradora y un ampuloso
gesto con el micrófono en la mano, daba comienzo al show central de la noche
que llegaba a su punto culminante cuando con una catarata de adjetivos
presentaba a la figura tanguera de turno que engalanaba el espectáculo. Todos
sabían que “Gallito” fabulaba pero “le
seguían el tren” para divertirse un rato. En realidad no molestaba a nadie con
su manía. Hasta que un día llegó Edmundo Rivero. El “Feo” con su gran poder de
observación vio en Saravia el personaje perfecto para protagonizar una
historieta. Y entonces compuso los versos de “
(colaboración
enviada por el amigo “El Charrúa”. 05-2011)