EL ALMOHADÓN

(vals)

 

 

Una mano despiadada
Tal vez con maldad profunda,
Vino a romperme la funda
De mi querido almohadón;
Me causó tanta tristeza
Al mirar esa rotura,
Que se llena de amargura
Mi sensible corazón.
 
Me entristezco en ella
Yo, con cariño ferviente,
Y acaricié dulcemente
Su semblante juvenil;
Y en ella absorbe el aliento
De su boca tan preciosa,
Perfumada cual la rosa
De una mañana de abril.
 
En esa funda querida
Donde se han marcado flores,
Alcancé de mis amores
El fruto que ambicioné;
Allí reclinó su frente
Ella como un tierno niño,
Y yo con dulces cariños
En los labios la besé.
 
En ella pude extasiarme
Contemplándola dormida,
A la mujer que en la vida
Fue a endulzar mi dolor;
Escuchando al despertarme
De sus labios purpurinos,
Como de un ave, los trinos
Bellas palabras de amor.
 
Pobre funda, tú que fuiste
De mi amor, la confidente,
Vino esa mano inclemente
Tu tejido a desgarrar;
Mas como eres insensible
Y nada sabes sentir,
Así te dejaste herir
Sin una queja exhalar.
 
Tu perdonarla no puedes
A la mano que te ha herido,
Porque eres débil tejido
Y no tienes corazón;
Mas yo como tengo un alma
Donde no existen rencores,
Sufro por ti los dolores
Y por ti doy el perdón.

 

Letra : Andrés Cepeda

Música : Carlos Gardel

 

Grabado por Carlos Gardel acompañándose en guitarra. (1912)

 

 

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